El Jardín de las Flores

  • Le bonheur de vivre de Henri Matisse de 1906

¿Alguna vez os habéis preguntado lo que fascina de los jardines en flor? El olor? Los colores? Las emociones que nos transmiten?

Con su atmósfera mágica, casi como un sueño, los jardines de flores son la unión del olor y la combinación de colores, donde rosales, peonías, lirios, orquídeas y otros elementos florales simulan el efecto cromático de la paleta de un pintor: un efecto extraordinario que nos permite vivir la verdadera experiencia sensorial global.

De esta manera, el jardín de flores nos ofrece una profunda reflexión sobre la naturaleza, donde la esencia de la obra es la flor, como una metáfora de la vida que muestra la belleza de un momento, de un instante, de un fragmento de la vida.

La flor es la estrella indiscutible del jardín, a pesar de su carácter efímero.

Si se deja secar lentamente, cada flor se convierte desde el efímero en una obra de arte permanente, aunque por desgracia su esencia perfumada se haya desaparecido por completo.

Carpe diem, aprovecha el momento, disfruta del momento! Parece sugerir el jardín de flores.

Y ese momento es tan fugaz como el aroma de una rosa o jazmín que nos envuelve a nuestro paso.

Sin embargo recuerdos son despertados por el olor, por aquel olor, que es como una máquina del tiempo donde sensaciones indelebles reaparecen en nuestras mentes para despertar  emociones que creíamos desaparecidas u olvidadas para siempre.

Qué enorme abismo infranqueable separa la perfumería de los hombres al de la naturaleza!

Y no sólo por la pedante insistencia para conseguir la persistencia del olor, que está presente en todos aquellos que fabrican sustancias odoríferas y buscan complacer a muchos de aquellos que necesitan identificarse con un logotipo.

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